HERMANDAD DEL ROCIO DE UMBRETE

Sobre El Rocio

La Visita de Juan Pablo II

En el año 1992 se celebraron en Huelva el XVIII Congreso Mariano y el XI Congreso Mariologico (desde 1950 se celebran conjuntamente, aunque su origen se remonta a 1900). El aspecto Mariano estudia las grandes manifestaciones populares de piedad a la Virgen Maria, mientras que el aspecto Mariologico, de caracter mas cientifico, reune a teologos y estudiosos de la figura de la Virgen Maria.

Pues bien, el acto de clausura se celebro en el Rocio, con una multitudinaria eucaristia, cuyo altar fue levantado en el lateral de la ermita, en la llamada Madre de las Marismas. Conto con la asistencia de Sus Majestades los Reyes de España, y con la de gran numero de obispos, arzobispos, cardenales, el Legado Pontificio y el Nuncio de Su Santidad en España. A la conclusion de la Eucaristia, el Legado Pontificio, Monseñor Martinez Somalo leyo un mensaje de Su Santidad Juan Pablo II, en la que se anunciaba la visita del Santo Padre para el 14 de Junio de 1993.

Esta noticia y su culminacion suponen un hito en la historia de la devocion rociera. Llegado el historico dia, se congrego una impresionante multitud en los alrededores de la ermita, pese a los rigores de las altisimas temperaturas de la fecha, En el interior de la ermita, la Virgen lucía el manto y la saya que donaron los condes de París, y su altar aparecía exornado con unas bellas piñas de claveles rosas.  Allí solo se encontraban los miembros de la Hermandad Matriz, el clero autorizado y un solo representante de cada hermandad filial portando su respectivo Simpecado, formando asi un indescriptible mosaico de sinpar belleza, que de seguro admiró a Su Santidad cuando los fue bendiciendo uno a uno.

A la hora prevista, sobre las seis de la tarde, aterrizaba en la aldea (en concreto en la zona del campo de deportes), procedente de La Rábida, el helicóptero en el que viajaba el Santo Padre. En automóvil recorrió las calles de la aldea por una zona señalizada y siendo aclamado por miles de fieles.

En la puerta conocida como Reina de las Marismas el Santo Padre es recibido por la Corporacion Municipal de Almonte, encabezada por el Sr. Alcalde, recibiendo la bienvenida de la Hermandad Matriz de Almonte, que presidía D. Angel Díaz de la Serna, y del cura parroco de Almonte D. Diego Capado Quintana. El Papa saluda uno a uno a todos los miembros de la Hermandad Matriz y clero alli congregados. Acompañaban a Su Santidad el obispo de Huelva, D. Rafael Gonzalez Moralejo, el obispo coadjutor, D. Ignacio Noguer Carmona (mas tarde obispo de Huelva) y D. Juan Mairena Valdayo ( gran impulsor de este evento).

El Santo Padre se postro a orar ante la Virgen del Rocio, produciendose un impresionante silencio en la multitud que aguardaba en los exteriores de la ermita. Tras unos intensos minutos de oracion, el Papa queda observando a la Virgen. Luego le ofreció un rosario que es el que desde entonces porta en la mano derecha. A continuación. y tras bendecir uno por uno todos  los Simpecados se traslado a un balcon de la ermita, preparado a tal efecto, para desde alli dirigirse a la enorme multitud congregada, que no se movia un apice pese al sofocante calor.

En primer lugar tomo la palabra el Obispo de la Diócesis, y a continuacion, preso de la emocion ante los incesantes vitores de los rocieros, Juan Pablo II se dirigió a todos con estas palabras:

"Amadisimos hermanos y hermanas:

Que la gracia y la paz de Jesucristo, el Señor este siempre con todos vosotros:

Rocieros y peregrinos que desde tan diversos lugares habeis llegado a estas marismas almonteñas para reuniros con el Papa en este Santuario, centro de la devoción mariana andaluza, en el que se venera la imagen bendita de Nuestra Señora del Rocio.

Es para mi motivo de honda alegria y de accion de gracias culminar mi visita apostolica a la Diocesis de Huelva peregrinando a estas marismas en las que la Madre de Dios recibe, en la Romeria de Pentecostes e incesantemente durante todo el año, el vibrante homenaje de devocion de sus hijos de Andalucia y de muchos otros lugares de España. A esa multitud incontable de romeros he querido unirme hoy, ante esta bellisima imagen de la Virgen , para venerar a nuestra Madre del Cielo.

Agradezco vivamente las palabras que Monseñor Rafael Gonzalez Moralejo, Obispo de esta Diocesis, ha tenido a bien dirigirme, asi como la presencia de mis hermanos en el Episcopado, y de los numerosos y amados sacerdotes, religiosos y religiosas que han querido unirse a esta celebracion rociera. Mi gratitud a las autoridades civiles por su valiosa colaboración en la preparacion de este encuentro para honrar a la Blanca Paloma.

Hace cuatro años, una numerosísima representación de vuestra Hermandad Matriz y de las restantes hermandades del Rocio, acompañados por vuestro Obispo, os pusisteis en camino y peregrinasteis hasta Roma para llevarme el perfume de vuestras tierras almonteñas y mostrarme en vuestros Simpecados el rostro bellisimo de la Virgen y Señora del Rocio.

Hoy soy yo quien peregrina hasta aqui para postrarme a los pies de esta sagrada imagen, que nos representa y recuerda a Maria- Asunta en cuerpo y alma al Cielo- y orar por la iglesia y como fieles laicos asociados en vuestras Hermandades, a dar testimonio de los valores cristianos en la sociedad andaluza y española.

Vuestra devocion a la Virgen representa una vivencia clave en la religiosidad popular, y al mismo tiempo constituye una compleja realidad socio-cultural y religiosa. En ella, junto a los valores de la tradición histórica, de ambientacion historica y de belleza natural y plastica, se conjugan ricos sentimientos humanos de amistad compartida, igualdad de trato y valor de todo lo bello que la vida encierra en comun gozo de la fiesta.

Pero en las raices profundas de este fenomeno cultural aparecen los autenticos valores espirituales de la fe en Dios: del reconocimiento de  Cristo como Hijo de Dios y Salvador de los hombres, del amor y devocion a la Virgen ,y de la fraternidad cristiana, que nace de sabernos hijos del mismo Padre Celestial.

Vuestra devoción a la Virgen, manifestada en la Romeria de Pentecostes, en vuestras peregrinaciones al Santuario y en vuestras actividades de las Hermandades, tiene mucho de positivo y alentador, pero se ha acumulado tambien, como vosotros decis, "polvo del camino", que es necesario purificar.

En efecto, desligar la manifestacion de religiosidad popular de las raices evangelicas de la fe, reduciendola a mera expresion folclorica o costumbrista seria traicionar su verdadera esencia.

Es la fe cristiana, es la devocion a Maria, es el deseo de imitarla lo que da autenticidad a las manifestaciones religiosas y marianas de nuestro pueblo.

Os invito, por ello, a todos a hacer de este lugar del Rocio una verdadera escuela de vida cristiana, en la que, bajo la proteccion maternal de Maria, la fe crezca y se fortalezca: con la escucha de la Palabra de Dios, con la oracion perseverante, con la recepcion de los sacramentos, especialmente de la Penitencia y de la Eucaristia.

Este, y no otro, es el camino por el que la devocion rociera ganara cada dia en autenticidad. Ademas, la verdadera devocion a la Virgen Maria os llevara a la imitacion de sus virtudes; descubrireis a traves de Ella y por su mediacion, a Jesucristo, su Hijo, Dios y hombre verdadero, que es el unicos Mediador entre Dios y los hombres.

En un entrañable encuentro con los Obispos de Andalucia, con ocasion de su visita "ad limina", me referia a la vivencia religiosa popular con estas palabras: "Vuestros pueblos, que hunden sus raices  en la autentica tradicion apostolica, han recibido a lo largo de los siglos numerosas influencias culturales que les han dado caracteristicas propias. La religiosidad popular que de ahi ha surgido es fruto de la presencia fundamental de la fe catolica, con una experiencia propia de lo sagrado, que comporta a veces la exaltacion ritualista de los momentos solemnes de la vida del hombre, una tendencia devocional y una devocion muy festiva (Discurso a los Obispos de las Provincias Eclesiasticas de Sevilla y Granada en visita "ad Limina Apostolorum" 30 de Enero de 1982 nº3)

Se que, como Hermandades Rocieras, estais empeñadas en dar una nueva y autentica vitalidad cristiana a la religiosidad popular de esta tierra.

Por otra parte, es consolador comprobar que vuestros Pastores muestran gran solicitud y preocupacion por fomentar en las Hermandades una mayor formacion cristiana y una mas activa participacion liturgica y caritativa en la vida de la Iglesia, que se traduzca en verdadero dinamismo apostolico.

Seria una pena que esta cultura cristiana vuestra, profundamente enraizada en la fe, se debilitara por inhibicion o por cobardia al ceder a la tentacion y al señuelo- que hoy se os tiende- de rechazar o despreciar los valores cristianos que cimentan la obra de la devocion a Maria y dan savia  a las raices del Rocio. Por eso os vuelvo a insistir hoy ante la Virgen: dad testimonio de los valores cristianos en la sociedad andaluza y española.

Queridas hermanas y hermanos rocieros, me siento feliz de estar con vosotros en esta hermosa tarde, aqui, en este paraje bellisimo de Almonte y ante este bendito Santuario, en el que acabo de orar por la Iglesia y por el mundo.

A ella, nuestra Madre celeste, Asunta en cuerpo y alma al cielo, he pedido por vuestro pueblo andaluz y español, pueblo fundamentado en la fe de sus mayores y qeu vive una ardiente esperanza de elevacion humana, de progreso, de afirmacion de su propia dignidad, de respeto a sus derechos y de estimulo y ejemplaridad para cumplir sus deberes.

He pedido a Maria que siga concediendonos, en la alegria de vuestra forma de ser, la firmeza de la fe, engendre en vosotros la esperanza cristiana que se manifieste en el gozo ante la vida, en la aceptacion ante el dolor y en la solidaridad ante toda forma de egoismo.

He pedido para vosotros, los aqui presentes, asi como para vuestras familias y para Andalucia entera y la noble nacion española, que sepais siempre superar las dificultades y los obstaculos, a vees frecuentes en el camino, com son la pobreza, o la temible plaga del paro, la falta de solidaridad, los vicios de la sociedad consumista en la que se olvida el sentido de Dios y la caridad autentica.

¡Que por Maria sepais abrir de par en par vuestro corazon a Cristo, el Señor!

Llevad por todos los caminos el cariño y el amor del Papa a vuestros familiares, paisanos y amigos, y antes de bendecirlos, alabemos juntos a Maria:

¡VIVA LA VIRGEN DEL ROCIO!

¡VIVA ESA BLANCA PALOMA!

¡QUE VIVA LA MADRE DE DIOS!

 

Con estas palabras el Papa abandono el Santuario, firmando en el libro de oro de la Hermandad y despidiendose de todos los rocieros que emocionados, cantaban las sevillanas del "adios".

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